CASA KHALIFE-GAME

Proyecto
Cumbayá, Quito. 1998-1999
En colaboración con Handel Guayasamín

 

La casa arranca en la interpretación de las aspiraciones de los clientes. De imágenes, mostradas y contadas, de materialidad, de texturas. De grosor de muros, atemporales. De una casa para vivir y para realizar los sueños, para ocupar y para mostrar. De espacios que varían de lo público a lo semipúblico, de lo privado a lo secreto.

Atemporalidad y modernidad. La arquitectura propuesta busca la memoria de lo masivo, el efecto de profundidad de la construcción de otros tiempos, pero con la manipulación de los muros sencillos contemporáneos, de la caja abstracta. La referencia del pasado, recuperado y traducido desde el presente, como ya hicieran Kahn, Utzon o Van Eyck.

Desde el primer acercamiento se enfatiza la sensación de profundidad, casi ceremonial. En la galería de acceso, una rampa de paredes convergentes y final en penumbra se convierte en túnel, mina. En la sala principal, una caja de doble altura es perforada por tres cajas menores (mirador, distribuidor, estudio de música), que se leen desde el interior como agujeros excavados en el grosor de la caja principal. Una profunda ranura horizontal (la chimenea) y otra vertical (el acceso de sol), refuerzan la idea de la caja como objeto masivo, taladrable.

Desde esta zona pública, que se proyecta hacia el jardín delantero y hacia las vistas del valle, la casa regresa sus pasos hacia el talud posterior, donde se sitúan los espacios privados. Entre los unos y los otros, una zona intermedia, porosa, semiprivada, sirve de colchón separador entre la sala y los dormitorios, a través de espacios de servicio y pasos laberínticos que protegen lo privado.

Los espacios de dormir, semiexcavados en la montaña, se vuelcan como capillas hacia la tierra y hacia la luz cenital de su fondo, que ilumina los baños enterrados en el suelo. El aseo se transforma en un escenario de lo íntimo. Pequeñas aberturas conectan visualmente los dormitorios con los jardines privados que lo rodean, de matorral tupido en su estado natural, impenetrable. Al acceder al dominio de los padres, un jardín de agua abre su perspectiva hacia el talud y la vegetación natural. Los espacios de intimidad recuperan las vistas lejanas con un acceso superior a la terraza, donde se ubican los estudios privados. Estos estudios se orientan y apuntan hacia las vistas concretas del los montes Ilaló y Cayambe, que son encuadrados por la forma de las habitaciones.

En el proyecto los espacios interiores y exteriores se direccionan, abriendo o cerrando su geometría, hacia la luz, las vistas, las montañas, el talud bajo tierra, los accesos, buscando su referente de intensidad. Sólo los espacios estrictamente funcionales conservan la forma ortogonal. La no ortogonalidad de la forma exterior ayuda a leer el proyecto como volúmenes saliendo del talud, irregulares y masivos (piedra, fortaleza), paisaje artificial de masas cerámicas y de hormigón. Las paredes, de mampostería armada, se terminan con enfoscados de fuerte textura, que en los elementos de más intensidad (cajas-agujero, ranuras de la sala, baños excavados, galería de acceso, miradores) se resuelven íntegramente en hormigón visto, enfatizando su densidad y su vocación de oquedad en un sólido masivo.

 

 





 

Casa Khalife-Game, publicación en el libro Arquitectos y Arquitectura Ecuador Siglo XXI de Rolando Moya y Evelia Peralta. Ediciones Trama, Quito, Ecuador. Abril 2000. Páginas 28, 110 a 111 y 127.